Hay momentos en la vida en los que uno siente que ha avanzado… pero no tanto como esperaba. Has caminado, has sembrado, has resistido, pero al mirar atrás o incluso al mirar tu presente, pareciera que el progreso es lento, casi imperceptible. Y es ahí donde el corazón comienza a inquietarse. Sin embargo, Dios no mide el avance como nosotros lo hacemos. La Escritura dice: “No menospreciéis el día de las pequeñeces” (Zacarías 4:10). Porque lo pequeño, lo constante, lo fiel… es precisamente donde Dios está trabajando con mayor profundidad. Mientras tú esperas resultados visibles, Él está formando carácter. Mientras tú deseas velocidad, Él está construyendo raíces. El problema no es que no estés avanzando… es que estás evaluando tu progreso con una medida equivocada. El Reino de Dios no crece con ruido, crece en silencio. Como una semilla bajo la tierra, invisible al ojo humano, pero poderosa en su proceso interno. Y cuando finalmente brota, nadie puede negar que hubo vida todo el t...