26 de abril — Permanecer cuando no sientes nada
“Por fe andamos, no por vista.” — 2 Corintios 5:7
Hay días en los que el corazón arde… pero también hay días en los que todo parece en silencio. No hay emoción, no hay señales, no hay esa sensación de cercanía que tanto anhelamos. Y es precisamente en esos días donde la fe se vuelve más real.
Porque la fe no se mide por lo que sientes, sino por lo que decides.
Muchos abandonan en estos momentos. No porque Dios se haya ido, sino porque dejaron de sentirlo como antes. Y sin darse cuenta, comenzaron a depender más de la emoción que de la convicción. Pero Dios nunca ha sido una emoción pasajera; Él es una presencia constante.
El problema es que confundimos intensidad con fidelidad.
Hay matrimonios que permanecen no porque todos los días sientan mariposas, sino porque decidieron amar aun cuando no sienten. Hay atletas que siguen entrenando no porque siempre tengan ganas, sino porque entienden el proceso. De la misma manera, la vida espiritual madura cuando aprendes a permanecer… incluso en el silencio.
Es ahí donde se forma el carácter.
Es ahí donde se fortalece la raíz.
Es ahí donde tu fe deja de ser superficial y comienza a ser inquebrantable.
Dios no ha cambiado porque tú no lo sientas hoy. Él sigue obrando, sigue guiando, sigue sosteniéndote. Aunque no haya emoción, hay propósito. Aunque no haya señales visibles, hay dirección.
Hoy no necesitas sentir más… necesitas decidir más.
Decidir seguir orando.
Decidir seguir creyendo.
Decidir seguir caminando.
Porque los que permanecen en el silencio… son los que experimentan la voz de Dios en el momento correcto.
Y cuando ese momento llega, te das cuenta de algo poderoso: nunca estuviste solo.
¿Qué estás dispuesto a sostener hoy, aun cuando no lo sientas?
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