
Hay días que no empiezan con claridad, sino con silencio. El calendario avanza, el año ya comenzó, pero el alma todavía va acomodándose. No todo se ordena a medianoche, no todo se resuelve con un cambio de fecha. Hay procesos que necesitan quietud, y este segundo día del año es uno de ellos.
Vivimos rodeados de ruido. Opiniones, expectativas, urgencias ajenas, metas que otros diseñaron para nosotros. Incluso las buenas intenciones pueden convertirse en presión. Queremos hacerlo todo bien, empezar fuerte, no fallar. Pero pocas veces nos detenemos a escuchar qué está pasando dentro.
El silencio no es vacío. El silencio revela. Cuando el ruido baja, aparecen preguntas honestas: ¿Qué cargo todavía del año pasado? ¿Qué no quiero repetir? ¿Qué sí quiero cuidar? Dios no suele gritarnos respuestas; muchas veces nos espera en la pausa que evitamos. El mandato bíblico no es apresurarnos, sino aquietarnos. No para huir, sino para conocerlo.
Este día no es para correr, es para afinar. Como un instrumento que necesita la tensión correcta para no romperse ni sonar falso. El corazón también requiere ajuste. Demasiada exigencia lo quiebra. Demasiada comodidad lo desafina.
Tal vez no necesitas una lista nueva, sino una rendición más profunda. No más planes, sino más dirección. No más velocidad, sino más verdad. Hay decisiones que no se toman con prisa, sino con claridad interior.
El mundo celebra al que arranca con fuerza. Dios trabaja con el que aprende a escuchar. Porque el que oye antes de actuar, camina más firme. El que se detiene a discernir, avanza con propósito.
Hoy no te preguntes cuánto vas a lograr. Pregúntate desde dónde lo harás. Desde la ansiedad o desde la paz. Desde la comparación o desde la convicción. Desde el miedo o desde la confianza.
Este segundo día del año es una invitación a bajar el volumen. A sentarte, aunque sea unos minutos, y permitir que Dios ordene lo que todavía está revuelto. No para acusarte, sino para alinearte. No para exigirte, sino para afirmarte.
El camino no se pierde cuando haces una pausa. Se pierde cuando sigues avanzando sin sentido. Hoy, detente. Escucha. Ajusta. Mañana, caminarás mejor.
Somos más que vencedores.
Pastor Sergio
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