Ir al contenido principal

30 de abril

 


Hay momentos en la vida en los que uno siente que ha avanzado… pero no tanto como esperaba. Has caminado, has sembrado, has resistido, pero al mirar atrás o incluso al mirar tu presente, pareciera que el progreso es lento, casi imperceptible. Y es ahí donde el corazón comienza a inquietarse.

Sin embargo, Dios no mide el avance como nosotros lo hacemos.

La Escritura dice: “No menospreciéis el día de las pequeñeces” (Zacarías 4:10). Porque lo pequeño, lo constante, lo fiel… es precisamente donde Dios está trabajando con mayor profundidad. Mientras tú esperas resultados visibles, Él está formando carácter. Mientras tú deseas velocidad, Él está construyendo raíces.

El problema no es que no estés avanzando… es que estás evaluando tu progreso con una medida equivocada.

El Reino de Dios no crece con ruido, crece en silencio. Como una semilla bajo la tierra, invisible al ojo humano, pero poderosa en su proceso interno. Y cuando finalmente brota, nadie puede negar que hubo vida todo el tiempo.

Hoy no te frustres por lo que no ves. Pregúntate mejor: ¿estoy siendo fiel en lo que sí puedo hacer hoy?

Porque el verdadero crecimiento no se trata de grandes saltos, sino de pasos firmes. No se trata de impresionar, sino de permanecer. No se trata de llegar rápido, sino de llegar con fundamento.

Dios no tiene prisa, pero tampoco se detiene.

Y si Él no se ha detenido contigo… entonces tu proceso sigue vivo.

Sigue avanzando, aunque sea un paso a la vez. Sigue creyendo, aunque no tengas todas las respuestas. Sigue sembrando, aunque la cosecha no sea visible aún.

Porque lo que hoy parece pequeño… mañana será testimonio.

Somos más que vencedores.
Pastor Sergio

¿En qué área de tu vida sientes que estás avanzando lentamente… pero sabes en el fondo que no te has detenido?


Comentarios

Entradas populares de este blog

2 de enero - “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios.”Salmos 46:10

​    Hay días que no empiezan con claridad, sino con silencio. El calendario avanza, el año ya comenzó, pero el alma todavía va acomodándose. No todo se ordena a medianoche, no todo se resuelve con un cambio de fecha. Hay procesos que necesitan quietud, y este segundo día del año es uno de ellos. Vivimos rodeados de ruido. Opiniones, expectativas, urgencias ajenas, metas que otros diseñaron para nosotros. Incluso las buenas intenciones pueden convertirse en presión. Queremos hacerlo todo bien, empezar fuerte, no fallar. Pero pocas veces nos detenemos a escuchar qué está pasando dentro. El silencio no es vacío. El silencio revela. Cuando el ruido baja, aparecen preguntas honestas: ¿Qué cargo todavía del año pasado? ¿Qué no quiero repetir? ¿Qué sí quiero cuidar? Dios no suele gritarnos respuestas; muchas veces nos espera en la pausa que evitamos. El mandato bíblico no es apresurarnos, sino aquietarnos. No para huir, sino para conocerlo. Este día no es para correr, es para afinar. Co...

3 de enero – La dirección antes que la velocidad

“Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.” Proverbios 3:6 Uno de los errores más comunes al comenzar un año es confundir movimiento con avance. Hacemos planes, aceleramos decisiones, llenamos la agenda, pero no siempre sabemos hacia dónde vamos. La prisa puede dar sensación de control, pero rara vez da claridad. Dios no está interesado únicamente en que camines, sino en que camines bien orientado. La Escritura no promete que nuestros caminos serán fáciles, pero sí que serán enderezados cuando lo reconocemos en ellos. Eso implica algo más profundo que una oración rápida: implica conciencia constante de su presencia. Este tercer día del año es ideal para revisar la dirección. No lo que estás haciendo, sino por qué lo haces. No cuánto avanzas, sino hacia dónde te diriges. Hay caminos que parecen correctos porque son rápidos, pero terminan agotando el alma. Otros son lentos, pero conducen a vida. Reconocer a Dios en todos tus caminos no significa espiritualizarlo todo...

8 de enero – La verdad que endereza el corazón

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón.” Salmos 139:23 Hay oraciones que no pedimos respuestas, sino revelación. Esta es una de ellas. Pedirle a Dios que examine el corazón no es cómodo, pero es profundamente sanador. Porque la verdad, aunque incomode, siempre endereza. Muchas veces no estamos perdidos, estamos confundidos. No porque Dios no hable, sino porque evitamos mirarnos con honestidad. Preferimos ajustar el entorno antes que confrontar el interior. Este día nos invita a permitir que Dios alumbre lo que hemos aprendido a justificar. No para condenar, sino para sanar. Dios no expone para avergonzar; expone para liberar. Un corazón examinado es un corazón liviano. Ya no necesita máscaras, ya no vive en negación, ya no se defiende constantemente. Aprende a caminar en verdad, y la verdad siempre ordena. No temas a lo que Dios pueda mostrarte. Él ya lo conoce. La diferencia es que cuando lo reconoces tú, comienza la transformación. La gracia no opera en lo que ocultamos, sino...