Hay momentos en la vida en los que uno siente que ha avanzado… pero no tanto como esperaba. Has caminado, has sembrado, has resistido, pero al mirar atrás o incluso al mirar tu presente, pareciera que el progreso es lento, casi imperceptible. Y es ahí donde el corazón comienza a inquietarse.
Sin embargo, Dios no mide el avance como nosotros lo hacemos.
La Escritura dice: “No menospreciéis el día de las pequeñeces” (Zacarías 4:10). Porque lo pequeño, lo constante, lo fiel… es precisamente donde Dios está trabajando con mayor profundidad. Mientras tú esperas resultados visibles, Él está formando carácter. Mientras tú deseas velocidad, Él está construyendo raíces.
El problema no es que no estés avanzando… es que estás evaluando tu progreso con una medida equivocada.
El Reino de Dios no crece con ruido, crece en silencio. Como una semilla bajo la tierra, invisible al ojo humano, pero poderosa en su proceso interno. Y cuando finalmente brota, nadie puede negar que hubo vida todo el tiempo.
Hoy no te frustres por lo que no ves. Pregúntate mejor: ¿estoy siendo fiel en lo que sí puedo hacer hoy?
Porque el verdadero crecimiento no se trata de grandes saltos, sino de pasos firmes. No se trata de impresionar, sino de permanecer. No se trata de llegar rápido, sino de llegar con fundamento.
Dios no tiene prisa, pero tampoco se detiene.
Y si Él no se ha detenido contigo… entonces tu proceso sigue vivo.
Sigue avanzando, aunque sea un paso a la vez. Sigue creyendo, aunque no tengas todas las respuestas. Sigue sembrando, aunque la cosecha no sea visible aún.
Porque lo que hoy parece pequeño… mañana será testimonio.
Somos más que vencedores.
Pastor Sergio
¿En qué área de tu vida sientes que estás avanzando lentamente… pero sabes en el fondo que no te has detenido?
Comentarios
Publicar un comentario