“Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” — Isaías 40:31
Hay días en los que el cansancio no es físico… es del alma.
No es el cuerpo el que quiere detenerse, es el corazón el que siente que ha dado demasiado, que ha esperado demasiado, que ha creído… quizá sin ver.
Y ahí es donde muchos se detienen.
No porque no tengan fe, sino porque no saben cómo sostenerla cuando el tiempo pasa y nada parece cambiar.
Pero este versículo no habla de fuerza inmediata… habla de esperar.
Esperar no es quedarse inmóvil.
Esperar en Dios es mantenerse firme cuando todo dentro de ti quiere rendirse. Es seguir caminando aunque no veas el resultado. Es confiar cuando no hay señales visibles.
Dios no promete que no te cansarás…
promete que, si permaneces, Él renovará tus fuerzas.
No dice que volarás todo el tiempo.
Dice que habrá momentos de correr… y otros simplemente de caminar.
Y caminar también es avanzar.
Quizá hoy no te sientes fuerte.
Quizá hoy no tienes energía para correr, ni siquiera para levantar vuelo.
Pero si sigues caminando… ya estás venciendo.
Dios trabaja en lo invisible.
Mientras tú resistes, Él está formando carácter, profundidad, madurez. Está preparando algo que solo puede sostenerse en alguien que aprendió a no rendirse.
No subestimes los días lentos.
Ahí es donde se construyen las verdaderas victorias.
Hoy no necesitas demostrar fuerza…
solo necesitas permanecer.
Porque el que aprende a esperar en Dios…
termina viendo lo que otros abandonaron demasiado pronto.
Y cuando llegue ese momento…
entenderás que cada paso, incluso el más lento, valió la pena.
Somos más que vencedores.
Pastor Sergio
¿Estás dispuesto a seguir caminando… aun cuando no sientes fuerzas, confiando en que Dios está obrando en lo que no ves?
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