Ir al contenido principal

23 de abril


 “Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” — Isaías 40:31

Hay días en los que el cansancio no es físico… es del alma.
No es el cuerpo el que quiere detenerse, es el corazón el que siente que ha dado demasiado, que ha esperado demasiado, que ha creído… quizá sin ver.

Y ahí es donde muchos se detienen.
No porque no tengan fe, sino porque no saben cómo sostenerla cuando el tiempo pasa y nada parece cambiar.

Pero este versículo no habla de fuerza inmediata… habla de esperar.

Esperar no es quedarse inmóvil.
Esperar en Dios es mantenerse firme cuando todo dentro de ti quiere rendirse. Es seguir caminando aunque no veas el resultado. Es confiar cuando no hay señales visibles.

Dios no promete que no te cansarás…
promete que, si permaneces, Él renovará tus fuerzas.

No dice que volarás todo el tiempo.
Dice que habrá momentos de correr… y otros simplemente de caminar.

Y caminar también es avanzar.

Quizá hoy no te sientes fuerte.
Quizá hoy no tienes energía para correr, ni siquiera para levantar vuelo.

Pero si sigues caminando… ya estás venciendo.

Dios trabaja en lo invisible.
Mientras tú resistes, Él está formando carácter, profundidad, madurez. Está preparando algo que solo puede sostenerse en alguien que aprendió a no rendirse.

No subestimes los días lentos.
Ahí es donde se construyen las verdaderas victorias.

Hoy no necesitas demostrar fuerza…
solo necesitas permanecer.

Porque el que aprende a esperar en Dios…
termina viendo lo que otros abandonaron demasiado pronto.

Y cuando llegue ese momento…
entenderás que cada paso, incluso el más lento, valió la pena.

Somos más que vencedores.
Pastor Sergio

¿Estás dispuesto a seguir caminando… aun cuando no sientes fuerzas, confiando en que Dios está obrando en lo que no ves?


Comentarios

Entradas populares de este blog

2 de enero - “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios.”Salmos 46:10

​    Hay días que no empiezan con claridad, sino con silencio. El calendario avanza, el año ya comenzó, pero el alma todavía va acomodándose. No todo se ordena a medianoche, no todo se resuelve con un cambio de fecha. Hay procesos que necesitan quietud, y este segundo día del año es uno de ellos. Vivimos rodeados de ruido. Opiniones, expectativas, urgencias ajenas, metas que otros diseñaron para nosotros. Incluso las buenas intenciones pueden convertirse en presión. Queremos hacerlo todo bien, empezar fuerte, no fallar. Pero pocas veces nos detenemos a escuchar qué está pasando dentro. El silencio no es vacío. El silencio revela. Cuando el ruido baja, aparecen preguntas honestas: ¿Qué cargo todavía del año pasado? ¿Qué no quiero repetir? ¿Qué sí quiero cuidar? Dios no suele gritarnos respuestas; muchas veces nos espera en la pausa que evitamos. El mandato bíblico no es apresurarnos, sino aquietarnos. No para huir, sino para conocerlo. Este día no es para correr, es para afinar. Co...

3 de enero – La dirección antes que la velocidad

“Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.” Proverbios 3:6 Uno de los errores más comunes al comenzar un año es confundir movimiento con avance. Hacemos planes, aceleramos decisiones, llenamos la agenda, pero no siempre sabemos hacia dónde vamos. La prisa puede dar sensación de control, pero rara vez da claridad. Dios no está interesado únicamente en que camines, sino en que camines bien orientado. La Escritura no promete que nuestros caminos serán fáciles, pero sí que serán enderezados cuando lo reconocemos en ellos. Eso implica algo más profundo que una oración rápida: implica conciencia constante de su presencia. Este tercer día del año es ideal para revisar la dirección. No lo que estás haciendo, sino por qué lo haces. No cuánto avanzas, sino hacia dónde te diriges. Hay caminos que parecen correctos porque son rápidos, pero terminan agotando el alma. Otros son lentos, pero conducen a vida. Reconocer a Dios en todos tus caminos no significa espiritualizarlo todo...

8 de enero – La verdad que endereza el corazón

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón.” Salmos 139:23 Hay oraciones que no pedimos respuestas, sino revelación. Esta es una de ellas. Pedirle a Dios que examine el corazón no es cómodo, pero es profundamente sanador. Porque la verdad, aunque incomode, siempre endereza. Muchas veces no estamos perdidos, estamos confundidos. No porque Dios no hable, sino porque evitamos mirarnos con honestidad. Preferimos ajustar el entorno antes que confrontar el interior. Este día nos invita a permitir que Dios alumbre lo que hemos aprendido a justificar. No para condenar, sino para sanar. Dios no expone para avergonzar; expone para liberar. Un corazón examinado es un corazón liviano. Ya no necesita máscaras, ya no vive en negación, ya no se defiende constantemente. Aprende a caminar en verdad, y la verdad siempre ordena. No temas a lo que Dios pueda mostrarte. Él ya lo conoce. La diferencia es que cuando lo reconoces tú, comienza la transformación. La gracia no opera en lo que ocultamos, sino...