Ir al contenido principal

19 de abril — El proceso también es propósito

“Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.” — Filipenses 1:6


Vivimos en una generación que celebra los resultados, pero ignora los procesos. Nos gusta ver el fruto, pero pocas veces estamos dispuestos a permanecer en la etapa donde nada parece estar sucediendo. Sin embargo, es precisamente ahí, en lo oculto, donde Dios hace Su obra más profunda.


El proceso no es un castigo… es una construcción.


Dios no solo está interesado en llevarte a un destino; está comprometido con formarte en el camino. Porque el lugar al que vas requiere una versión de ti que aún está siendo desarrollada. Y eso toma tiempo.


Tal vez hoy te sientes en pausa. Como si estuvieras estancado. Como si no avanzaras al ritmo que esperabas. Pero lo que parece lentitud, muchas veces es preparación. Lo que parece silencio, es formación interna. Lo que parece pérdida de tiempo, es inversión divina.


Un árbol no crece hacia arriba sin antes profundizar hacia abajo. Las raíces se desarrollan en lo invisible, pero son las que sostienen todo lo que después será visible.


Así es contigo.


Cada prueba, cada espera, cada momento donde no entiendes lo que está pasando… está formando carácter, resistencia, fe genuina. Dios está trabajando en ti, aunque no siempre lo percibas.


No te desesperes por llegar. Aprende a permanecer.


Porque cuando entiendes que el proceso también es propósito, dejas de luchar contra él… y comienzas a crecer dentro de él.


Dios no ha terminado contigo. Él comenzó algo en ti, y lo llevará a término.


Confía. Permanece. Sigue avanzando.


¿Puedes hoy abrazar el proceso, aun sin ver todavía el resultado?


Somos más que vencedores.
Pastor Sergio


Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

2 de enero - “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios.”Salmos 46:10

​    Hay días que no empiezan con claridad, sino con silencio. El calendario avanza, el año ya comenzó, pero el alma todavía va acomodándose. No todo se ordena a medianoche, no todo se resuelve con un cambio de fecha. Hay procesos que necesitan quietud, y este segundo día del año es uno de ellos. Vivimos rodeados de ruido. Opiniones, expectativas, urgencias ajenas, metas que otros diseñaron para nosotros. Incluso las buenas intenciones pueden convertirse en presión. Queremos hacerlo todo bien, empezar fuerte, no fallar. Pero pocas veces nos detenemos a escuchar qué está pasando dentro. El silencio no es vacío. El silencio revela. Cuando el ruido baja, aparecen preguntas honestas: ¿Qué cargo todavía del año pasado? ¿Qué no quiero repetir? ¿Qué sí quiero cuidar? Dios no suele gritarnos respuestas; muchas veces nos espera en la pausa que evitamos. El mandato bíblico no es apresurarnos, sino aquietarnos. No para huir, sino para conocerlo. Este día no es para correr, es para afinar. Co...

3 de enero – La dirección antes que la velocidad

“Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.” Proverbios 3:6 Uno de los errores más comunes al comenzar un año es confundir movimiento con avance. Hacemos planes, aceleramos decisiones, llenamos la agenda, pero no siempre sabemos hacia dónde vamos. La prisa puede dar sensación de control, pero rara vez da claridad. Dios no está interesado únicamente en que camines, sino en que camines bien orientado. La Escritura no promete que nuestros caminos serán fáciles, pero sí que serán enderezados cuando lo reconocemos en ellos. Eso implica algo más profundo que una oración rápida: implica conciencia constante de su presencia. Este tercer día del año es ideal para revisar la dirección. No lo que estás haciendo, sino por qué lo haces. No cuánto avanzas, sino hacia dónde te diriges. Hay caminos que parecen correctos porque son rápidos, pero terminan agotando el alma. Otros son lentos, pero conducen a vida. Reconocer a Dios en todos tus caminos no significa espiritualizarlo todo...

8 de enero – La verdad que endereza el corazón

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón.” Salmos 139:23 Hay oraciones que no pedimos respuestas, sino revelación. Esta es una de ellas. Pedirle a Dios que examine el corazón no es cómodo, pero es profundamente sanador. Porque la verdad, aunque incomode, siempre endereza. Muchas veces no estamos perdidos, estamos confundidos. No porque Dios no hable, sino porque evitamos mirarnos con honestidad. Preferimos ajustar el entorno antes que confrontar el interior. Este día nos invita a permitir que Dios alumbre lo que hemos aprendido a justificar. No para condenar, sino para sanar. Dios no expone para avergonzar; expone para liberar. Un corazón examinado es un corazón liviano. Ya no necesita máscaras, ya no vive en negación, ya no se defiende constantemente. Aprende a caminar en verdad, y la verdad siempre ordena. No temas a lo que Dios pueda mostrarte. Él ya lo conoce. La diferencia es que cuando lo reconoces tú, comienza la transformación. La gracia no opera en lo que ocultamos, sino...