
7 de mayo — Cuando el alma también necesita descanso
Hay cansancios que no se quitan durmiendo.
Hay silencios que pesan más que el ruido.
Y hay días en los que uno sigue caminando… pero por dentro siente que se quedó sentado hace mucho tiempo.
Vivimos en una generación agotada.
Agotada de aparentar fortaleza.
De demostrar éxito.
De sostener conversaciones vacías.
De correr detrás de metas que muchas veces ni siquiera nacieron en el corazón, sino en la presión de encajar.
Y aun así, Dios nunca diseñó al ser humano para vivir permanentemente acelerado.
Hasta la tierra necesita reposar.
Los árboles pierden hojas para volver a florecer.
El mar tiene mareas.
El corazón tiene pausas entre latidos.
¿Y nosotros creemos que descansar es debilidad?
Jesús dijo algo profundamente humano:
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.”
No dijo:
“Vengan los perfectos.”
Ni los fuertes.
Ni los que tienen todo resuelto.
Dijo:
“Los cansados.”
Quizá hoy no necesitas una respuesta inmediata.
Quizá no necesitas pelear otra batalla.
Tal vez simplemente necesitas sentarte un momento y volver a escuchar tu alma.
Porque hay personas que llevan años funcionando… pero dejaron de vivir.
Cumplen horarios.
Pagan cuentas.
Sonríen para la foto.
Pero por dentro están pidiendo auxilio en silencio.
Y lo más peligroso del cansancio emocional es que uno se acostumbra a él.
Se vuelve normal vivir sin ilusión.
Sin esperanza.
Sin fuego.
Sin alegría.
Pero Dios no quiere hijos sobreviviendo.
Quiere hijos viviendo.
A veces el acto más espiritual no es correr más rápido… sino detenerse.
Respirar.
Llorar si hace falta.
Volver a sentir.
Volver a mirar el cielo sin prisa.
No todo se resuelve hoy.
No toda puerta se abre de inmediato.
No toda herida sana rápido.
Pero el alma también sana cuando deja de fingir que puede sola.
Si hoy estás cansado, no te avergüences.
Hasta los más fuertes se agotan.
Hasta los valientes lloran.
Hasta los que animan a otros necesitan ser abrazados por Dios.
Y quizá esta noche, más que pedir fuerzas para seguir… deberías pedir paz para descansar.
Porque después del descanso correcto, muchas veces vuelve la claridad.
Somos más que vencedores.
Pastor Sergio
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