
2 de mayo
Hay días en los que el camino parece no avanzar. Caminas, oras, crees… pero todo alrededor luce igual. No hay señales claras, no hay respuestas inmediatas, no hay cambios visibles. Y es precisamente en esos momentos donde se define la profundidad de tu fe.
Porque la fe verdadera no se sostiene en lo que ves, sino en lo que decides creer a pesar de lo que ves.
Hebreos 11:1 lo expresa con claridad: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” No es una emoción pasajera, ni una reacción a las circunstancias. Es una decisión firme de confiar en Dios cuando todo parece en silencio.
Dios no trabaja bajo presión humana. Él no se apura por nuestras dudas ni se retrasa por nuestras emociones. Él obra en procesos, en tiempos perfectos, en dimensiones que muchas veces no alcanzamos a entender en el momento.
Y mientras tú piensas que nada está pasando, Él está acomodando piezas, cerrando ciclos invisibles, alineando personas, preparando puertas que aún no puedes ver.
Hay un crecimiento que ocurre en lo secreto. Un fortalecimiento interno que no se anuncia, pero que transforma. Así como la raíz de un árbol crece profundamente antes de que el fruto aparezca, así también Dios está trabajando en ti.
No te desesperes por lo que no ves. No abandones el proceso por falta de resultados visibles. La fe madura cuando aprende a permanecer, incluso en el silencio.
Hoy no necesitas tener todas las respuestas. Solo necesitas seguir caminando.
Porque aunque no lo sientas… Dios sigue obrando.
Y cuando llegue el momento, entenderás que nunca estuviste detenido. Solo estabas siendo preparado.
Somos más que vencedores.
Pastor Sergio
¿En qué área de tu vida necesitas hoy decidir creer, aunque todavía no veas nada?
Comentarios
Publicar un comentario