“El Señor afirmará los pasos del hombre cuando le agrada su camino; aunque caiga, no quedará postrado, porque el Señor sostiene su mano.” — Salmos 37:23-24
Hay una verdad que pocas veces se entiende en el proceso: Dios no solo dirige… también sostiene.
A veces pensamos que seguir a Dios significa no tropezar. Como si la fe fuera una garantía de perfección. Pero la Escritura no dice eso. Dice algo mucho más profundo: aunque caigas, no quedarás postrado.
Eso cambia todo.
Porque entonces el enfoque ya no está en evitar cada error, sino en confiar en quién te levanta. No se trata de caminar sin fallar, sino de caminar sabiendo que no estás solo.
Dios afirma tus pasos.
No solo los grandes momentos.
También los pequeños, los inseguros, los que das con temor.
Hay días en los que avanzas con firmeza… y hay otros en los que apenas das un paso. Pero ambos son parte del camino. Ambos cuentan. Ambos están bajo la mirada de Dios.
Y cuando tropiezas —porque va a pasar— Él no se aparta. No se decepciona. No cancela el propósito. Él sostiene tu mano.
Imagínalo por un momento: no estás caminando solo. Hay una mano invisible, constante, firme… que no te suelta.
Eso significa que tu proceso no depende de tu perfección, sino de Su fidelidad.
Hoy quizá te sientes cansado.
Tal vez frustrado por errores recientes.
O dudando si realmente estás avanzando.
Pero si tu camino le agrada —si estás buscando, intentando, creciendo— entonces puedes descansar en esto: Dios está afirmando tus pasos, incluso cuando no lo sientes.
No te definen tus caídas.
Te define Aquel que no te deja quedarte en el suelo.
Sigue caminando. Aunque sea despacio. Aunque sea con dudas. Pero sigue.
Porque el que te llamó… también te sostiene.
¿Qué área de tu vida necesitas hoy soltar para permitir que Dios sostenga tu mano en lugar de intentar controlarlo todo?
Comentarios
Publicar un comentario