
“Porque por fe andamos, no por vista.” — 2 Corintios 5:7
Hay días en los que todo parece claro. Las decisiones fluyen, el ánimo está firme y el camino se siente iluminado. Pero también hay días —y quizá hoy sea uno de ellos— donde lo único que tienes es una convicción interna… sin evidencia externa.
Caminar por fe no es una frase bonita. Es una práctica incómoda.
Es avanzar cuando no tienes todas las respuestas.
Es confiar cuando los resultados no han llegado.
Es sostenerte cuando el entorno parece contradecir lo que crees.
La fe no elimina la incertidumbre… te enseña a atravesarla.
Muchos esperan tener claridad para dar el siguiente paso. Pero en el Reino de Dios, muchas veces el siguiente paso es lo que produce la claridad. Es en el movimiento donde Dios confirma, corrige y revela.
Abraham salió sin saber a dónde iba.
Pedro caminó sobre el agua sin garantías.
Y tú… estás siendo invitado a dar pasos que tal vez no puedes explicar completamente.
Pero hay algo que sí puedes saber:
Dios no necesita que veas todo el camino… solo que confíes en Él para dar el siguiente paso.
La fe madura cuando decides avanzar aun con dudas. No cuando desaparecen, sino cuando dejan de gobernarte.
Hoy no necesitas tener todo resuelto.
Necesitas decidir no detenerte.
Porque cuando caminas por vista, dependes de lo que cambia.
Pero cuando caminas por fe, te sostienes en lo que permanece.
Y Dios… permanece.
¿Qué paso sabes que debes dar hoy, aunque todavía no veas todo el camino?
Amén, bendiciones.
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