
“Pero el que persevere hasta el fin, éste será salvo.” — Mateo 24:13
Hay días en los que seguir no se siente como victoria… se siente como carga.
No es la falta de fe lo que pesa, es el desgaste. Es ese momento donde ya creíste, ya oraste, ya hiciste lo correcto… y aun así, el resultado no llega. Es ahí donde muchos sueltan, no porque no aman a Dios, sino porque están cansados de esperar.
Pero hay una verdad silenciosa que solo se revela en los procesos largos: permanecer también es avanzar.
Dios no solo trabaja en lo que estás esperando… está trabajando en quién te estás convirtiendo mientras esperas. Cada día que decides no rendirte, aunque no veas cambios, algo profundo se está formando dentro de ti: carácter, resistencia, dependencia, madurez espiritual.
El mundo celebra los resultados rápidos, pero el cielo honra la fidelidad constante.
Permanecer no siempre es seguir corriendo. A veces es simplemente no retroceder. Es quedarte firme cuando todo en ti quiere abandonar. Es seguir creyendo cuando no hay señales visibles. Es confiar en que, aunque no lo sientas, Dios sigue obrando en lo invisible.
No subestimes este momento. No lo llames estancamiento cuando en realidad es formación.
Hay promesas que no llegan rápido porque requieren una versión más fuerte de ti. Y ese proceso, aunque incómodo, es necesario.
Hoy no necesitas hacer algo extraordinario. Solo necesitas no rendirte.
Porque el que permanece… ve.
¿En qué área de tu vida estás a punto de rendirte, y qué pasaría si decides permanecer un día más?
Somos más que vencedores.
Pastor Sergio
Amén, bendiciones.
ResponderEliminar