Ir al contenido principal

14 de abril

“Porque por fe andamos, no por vista.”

 — 2 Corintios 5:7


Hay momentos en la vida donde todo parece incierto. No hay claridad, no hay señales visibles, no hay garantías. Solo un paso… y luego otro. Así es caminar por fe.


La fe no es emoción, es decisión. No es sentir que todo estará bien, es avanzar aunque no lo sientas. Es levantarte cada mañana con la convicción de que Dios sigue obrando, incluso cuando no puedes verlo. Es confiar cuando el panorama no cambia, cuando las puertas no se abren, cuando las respuestas no llegan.


Muchas veces queremos evidencia antes de movernos. Queremos seguridad antes de obedecer. Pero Dios funciona al revés: primero el paso, luego la revelación. Primero la obediencia, luego la manifestación.


Caminar por fe implica incomodidad. Implica soltar el control, renunciar a la lógica humana y abrazar una verdad más grande: Dios está en control, aunque yo no entienda el proceso.


Quizás hoy estás en una temporada donde no ves resultados. Has orado, has sembrado, has esperado… pero todo sigue igual. Este es el punto donde muchos se detienen. Pero también es el punto donde los que creen, avanzan.


No te detengas. No retrocedas. La fe no siempre se siente fuerte, pero se fortalece cada vez que decides seguir adelante. Cada paso en medio de la duda es una declaración silenciosa de confianza.


Dios no te pidió entenderlo todo, te pidió confiar.


Hoy no necesitas ver el final del camino, solo necesitas dar el siguiente paso.


Y en ese paso, aunque parezca pequeño, se esconde un acto poderoso: estás creyendo.


Somos más que vencedores.

Pastor Sergio


¿Qué área de tu vida te está pidiendo hoy un paso de fe, aunque no tengas todas las respuestas?



Comentarios

  1. Buenos días pastor Sergio eso es así. Damos gracias a Dios por cada uno que camina con ese paso de fe. Y seguimos orando por los que aún temen hacerlo. Bendiciones

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

2 de enero - “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios.”Salmos 46:10

​    Hay días que no empiezan con claridad, sino con silencio. El calendario avanza, el año ya comenzó, pero el alma todavía va acomodándose. No todo se ordena a medianoche, no todo se resuelve con un cambio de fecha. Hay procesos que necesitan quietud, y este segundo día del año es uno de ellos. Vivimos rodeados de ruido. Opiniones, expectativas, urgencias ajenas, metas que otros diseñaron para nosotros. Incluso las buenas intenciones pueden convertirse en presión. Queremos hacerlo todo bien, empezar fuerte, no fallar. Pero pocas veces nos detenemos a escuchar qué está pasando dentro. El silencio no es vacío. El silencio revela. Cuando el ruido baja, aparecen preguntas honestas: ¿Qué cargo todavía del año pasado? ¿Qué no quiero repetir? ¿Qué sí quiero cuidar? Dios no suele gritarnos respuestas; muchas veces nos espera en la pausa que evitamos. El mandato bíblico no es apresurarnos, sino aquietarnos. No para huir, sino para conocerlo. Este día no es para correr, es para afinar. Co...

3 de enero – La dirección antes que la velocidad

“Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.” Proverbios 3:6 Uno de los errores más comunes al comenzar un año es confundir movimiento con avance. Hacemos planes, aceleramos decisiones, llenamos la agenda, pero no siempre sabemos hacia dónde vamos. La prisa puede dar sensación de control, pero rara vez da claridad. Dios no está interesado únicamente en que camines, sino en que camines bien orientado. La Escritura no promete que nuestros caminos serán fáciles, pero sí que serán enderezados cuando lo reconocemos en ellos. Eso implica algo más profundo que una oración rápida: implica conciencia constante de su presencia. Este tercer día del año es ideal para revisar la dirección. No lo que estás haciendo, sino por qué lo haces. No cuánto avanzas, sino hacia dónde te diriges. Hay caminos que parecen correctos porque son rápidos, pero terminan agotando el alma. Otros son lentos, pero conducen a vida. Reconocer a Dios en todos tus caminos no significa espiritualizarlo todo...

8 de enero – La verdad que endereza el corazón

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón.” Salmos 139:23 Hay oraciones que no pedimos respuestas, sino revelación. Esta es una de ellas. Pedirle a Dios que examine el corazón no es cómodo, pero es profundamente sanador. Porque la verdad, aunque incomode, siempre endereza. Muchas veces no estamos perdidos, estamos confundidos. No porque Dios no hable, sino porque evitamos mirarnos con honestidad. Preferimos ajustar el entorno antes que confrontar el interior. Este día nos invita a permitir que Dios alumbre lo que hemos aprendido a justificar. No para condenar, sino para sanar. Dios no expone para avergonzar; expone para liberar. Un corazón examinado es un corazón liviano. Ya no necesita máscaras, ya no vive en negación, ya no se defiende constantemente. Aprende a caminar en verdad, y la verdad siempre ordena. No temas a lo que Dios pueda mostrarte. Él ya lo conoce. La diferencia es que cuando lo reconoces tú, comienza la transformación. La gracia no opera en lo que ocultamos, sino...