
“Pero Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.”
— Lucas 2:52
Vivimos en una generación que quiere mostrarlo todo. Cada avance, cada logro, cada paso… todo necesita ser visto, validado y aplaudido.
Pero el crecimiento más poderoso casi siempre ocurre en silencio.
Jesús mismo, antes de ser conocido, antes de los milagros, antes de las multitudes… crecía. No en plataformas. No en escenarios. Crecía en lo oculto. En lo cotidiano. En lo que nadie celebraba.
Y ese crecimiento fue el fundamento de todo lo que vino después.
Hay una trampa sutil en nuestro tiempo: pensar que si no se ve, no está pasando. Pero en el Reino de Dios, lo invisible muchas veces es lo más importante.
Mientras tú oras y nadie lo sabe… estás creciendo.
Mientras decides hacer lo correcto en privado… estás creciendo.
Mientras te levantas un día más sin rendirte… estás creciendo.
El problema es que queremos evidencias externas para validar procesos internos.
Pero Dios no mide como nosotros medimos.
Él no está impresionado por la visibilidad… Él está comprometido con la transformación.
Hoy tal vez no tienes aplausos. Tal vez no tienes reconocimiento. Tal vez incluso sientes que estás en pausa.
Pero no estás detenido.
Estás siendo formado.
Cada decisión correcta que tomas en lo secreto está construyendo una versión de ti que el mundo todavía no conoce, pero que en el tiempo correcto será evidente.
No menosprecies esta etapa.
No subestimes los días sencillos.
No te desesperes por lo que aún no llega.
Porque el crecimiento verdadero no hace ruido… pero cambia todo.
Y cuando llegue el momento de salir a la luz, no será por esfuerzo… será por fruto.
Sigue creciendo. Aunque nadie lo vea. Aunque nadie lo celebre.
Dios sí lo está viendo.
Somos más que vencedores.
Pastor Sergio
Hoy sigue creciendo…
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