“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.”
— 1 Corintios 15:58
Comenzar es emocionante.
Hay fuego, hay pasión, hay determinación. Pero lo que realmente define a una persona no es cómo empieza… sino cómo se mantiene.
Muchos iniciaron este año con claridad, con metas, con decisiones firmes. Pero conforme pasan los días, la emoción baja y aparece la realidad: cansancio, distracciones, dudas, interrupciones.
Y es ahí donde entra una palabra clave: disciplina.
La disciplina no es emoción.
La disciplina es una decisión sostenida.
Es levantarte cuando no quieres.
Es avanzar cuando no ves resultados inmediatos.
Es mantenerte firme cuando otros ya se detuvieron.
La Escritura nos llama a ser firmes y constantes. No ocasionales. No intermitentes. No dependientes del ánimo. Firmes.
Porque lo que estás construyendo en Dios no es superficial.
Es carácter.
Es destino.
Es propósito eterno.
Y hay algo poderoso en este pasaje:
“vuestro trabajo en el Señor no es en vano.”
Nada de lo que estás haciendo en obediencia se pierde.
Cada esfuerzo cuenta.
Cada paso suma.
Cada día que decides no rendirte está formando algo que aún no ves completamente.
Tal vez hoy no sientes la misma intensidad del inicio.
Pero eso no significa que has perdido el rumbo.
Significa que es tiempo de madurar en el proceso.
No vivas por impulsos.
Vive por convicción.
Hoy reafirma tu compromiso.
No retrocedas.
No negocies lo que ya decidiste.
Porque los que permanecen…
son los que terminan viendo la promesa.
Somos más que vencedores.
Pastor Sergio
Comentarios
Publicar un comentario