“Porque ¿quién ha menospreciado el día de las pequeñeces?”
— Libro de Zacarías 4:10
Hay algo en la naturaleza humana que tiende a menospreciar lo pequeño. Queremos ver resultados grandes, avances rápidos, cambios visibles. Nos entusiasman las historias de éxito inmediato y las transformaciones espectaculares. Pero en el Reino de Dios, casi todo comienza de manera humilde.
Jesús habló del grano de mostaza, una de las semillas más pequeñas, para ilustrar cómo funciona el crecimiento espiritual. Aquello que parece insignificante al inicio puede convertirse en algo fuerte, estable y capaz de dar refugio a otros.
El problema no es que las cosas comiencen pequeñas. El problema es cuando abandonamos el proceso porque aún se ven pequeñas.
Muchas grandes historias comenzaron con pasos modestos.
Una oración sencilla.
Una decisión discreta.
Un hábito nuevo que nadie más notó.
Pero esas pequeñas acciones, repetidas con fidelidad, comienzan a construir algo mucho más grande de lo que imaginamos.
En este punto de marzo, tal vez ya no sientes la emoción de inicio de año. Quizá estás evaluando lo que has avanzado y te parece poco. Tal vez pensabas que el cambio sería más rápido.
Pero Dios no desprecia los comienzos pequeños.
La semilla no compite con el árbol; simplemente comienza su proceso. La raíz no se compara con el fruto; primero se establece bajo la tierra.
El crecimiento verdadero es gradual. Se construye paso a paso. Cada día de disciplina, cada momento de oración, cada decisión correcta, incluso las más discretas, están contribuyendo a algo que todavía no puedes ver completamente.
No te frustres si el avance parece lento. La velocidad no determina la profundidad. Lo importante es la dirección.
Hoy valora lo que ya comenzó en tu vida.
Valora las decisiones que has tomado.
Valora los cambios que están creciendo poco a poco.
Con el tiempo, aquello que parecía pequeño puede convertirse en algo sólido y lleno de vida.
¿Qué pequeño hábito o decisión está comenzando a tomar forma en tu vida?
¿Estás dispuesto a seguir cuidando esa semilla hasta que se convierta en árbol?
El Reino de Dios crece de manera silenciosa, pero segura.
Somos más que vencedores.
Pastor Sergio
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