Confiar no es entenderlo todo. Es aceptar que no todo está en nuestras manos. En el fondo, gran parte de nuestra inquietud nace del deseo de controlar los resultados, los tiempos y hasta las personas. Pero la fe madura aprende a soltar sin desentenderse.
Confiar es hacer lo que corresponde y descansar en lo que no depende de nosotros. Es caminar con responsabilidad, pero sin ansiedad. Es avanzar con claridad, sin exigir garantías absolutas. Cuando intentamos controlar lo que no nos pertenece, terminamos agotados; cuando confiamos, recuperamos paz.
La confianza se construye en lo cotidiano. En decisiones pequeñas, repetidas, que nos enseñan a delegar el peso que no podemos cargar. No es indiferencia, es entrega. No es pasividad, es certeza interior. Confiar no elimina los desafíos, pero cambia la manera de enfrentarlos.
Dios no nos llama a vivir tensos, sino atentos. A actuar con sabiduría, no con miedo. A reconocer límites, no a negarlos. Hay cosas que requieren nuestra participación, y otras que necesitan nuestra rendición. Distinguir entre ambas es una señal de crecimiento espiritual.
Quizá hoy estés intentando sostener algo que ya no te corresponde cargar. Tal vez estás presionando una respuesta, una solución o un cambio que no llega. Este devocional no te pide que abandones el esfuerzo, sino que sueltes la carga extra: la del control.
Confiar es permitir que Dios sea Dios. Es creer que Él ve el panorama completo cuando nosotros solo vemos una parte. Es descansar sin bajar los brazos.
Suelta un poco. Respira. Confía. El camino no se cae cuando lo recorres con fe.
Somos más que vencedores.
Pastor Sergio
Amén, buen día bendiciones.
ResponderEliminarQ bonito cada dia el texto diario me anima,y me fortalece q Jehova lo siga usando y sosteniendolo para animarnos ha vivir mejor y ha no confiar en nosotros mismos si no en el Dios verdadero q quiere ayudarnos y educarnos muchas bendiciones
ResponderEliminar