Amar no siempre es intenso. A veces no es emoción, ni palabras, ni gestos grandes. Amar, en su forma más madura, es sostener. Permanecer presente cuando la novedad se fue. Elegir el bien cuando sería más fácil retirarse.
Este día suele asociarse con sentimientos elevados, pero el amor que transforma no vive solo de momentos especiales. Vive de decisiones diarias. De actos pequeños y repetidos que, con el tiempo, construyen algo sólido. Amar es seguir cuidando cuando nadie lo exige. Es seguir respetando cuando no hay recompensa inmediata.
La Escritura describe el amor con verbos prácticos: es paciente, es bondadoso, no busca lo suyo, todo lo soporta. No habla de romanticismo, habla de carácter. Porque el amor verdadero no depende de cómo me siento hoy, sino de quién decido ser frente al otro.
Amar también implica límites sanos. No es aguantarlo todo sin discernimiento, sino actuar con verdad y gracia. A veces amar es hablar con firmeza. Otras veces es callar. A veces es dar. Otras veces es esperar. En todos los casos, amar es elegir lo correcto incluso cuando cuesta.
Dios nos ama así. No con emociones cambiantes, sino con fidelidad constante. Y ese amor nos enseña a amar mejor: con paciencia, con compasión, con responsabilidad. Amar no es perderse; es alinearse con lo que edifica.
Quizá hoy no se trata de decir más, sino de vivir mejor. De revisar cómo estás amando en lo cotidiano: en tus palabras, en tus decisiones, en tu manera de tratar a quienes te rodean.
El amor que permanece deja huella. Y esa huella, con el tiempo, da fruto.
Somos más que vencedores.
Pastor Sergio
Dilcia
ResponderEliminarGracias y Bendiciones q Jehova lo siga fortaleciendo
ResponderEliminar