No todo avance se nota. Hay días en los que parece que nada cambia, aunque sigas haciendo lo correcto. Permanecer en esos momentos requiere una fuerza distinta: no la que empuja, sino la que sostiene.
Permanecer es quedarse cuando sería más fácil irse. Es continuar fiel cuando el entusiasmo inicial ya no está. Es decidir no reaccionar, no huir, no romper, solo mantenerse. Y aunque el mundo no lo celebre, en el Reino de Dios permanecer tiene un peso eterno.
Jesús habló de dar fruto, pero antes habló de permanecer. Permanecer en la verdad. Permanecer en el amor. Permanecer en Él. Porque hay procesos que no se resuelven con decisiones rápidas, sino con una constancia tranquila que se afirma día tras día.
Permanecer no es resignación. Es convicción. No es pasividad, es resistencia interior. Es entender que no todo se arregla hoy, pero que abandonar ahora sería renunciar a lo que aún está en formación.
Dios suele trabajar más profundamente cuando parece que nada ocurre. Mientras tú permaneces, Él ajusta, limpia, fortalece. Muchas veces no vemos cambios externos porque primero están ocurriendo cambios internos. Y esos son los que sostendrán lo que viene después.
Quizá hoy no necesitas hacer más. Tal vez lo que necesitas es no soltar. No cambiar de dirección. No dudar de lo que un día supiste con claridad. Permanecer también es un acto de fe madura.
Sigue ahí. Sigue firme. Lo que se construye con permanencia no se cae con facilidad.
Somos más que vencedores.
Pastor Sergio
Muchas gracias bendiciones
ResponderEliminarMuchas gracias q Jehova lo siga usando para dar animo
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