“Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.”
Proverbios 3:6
Uno de los errores más comunes al comenzar un año es confundir movimiento con avance. Hacemos planes, aceleramos decisiones, llenamos la agenda, pero no siempre sabemos hacia dónde vamos. La prisa puede dar sensación de control, pero rara vez da claridad.
Dios no está interesado únicamente en que camines, sino en que camines bien orientado. La Escritura no promete que nuestros caminos serán fáciles, pero sí que serán enderezados cuando lo reconocemos en ellos. Eso implica algo más profundo que una oración rápida: implica conciencia constante de su presencia.
Este tercer día del año es ideal para revisar la dirección. No lo que estás haciendo, sino por qué lo haces. No cuánto avanzas, sino hacia dónde te diriges. Hay caminos que parecen correctos porque son rápidos, pero terminan agotando el alma. Otros son lentos, pero conducen a vida.
Reconocer a Dios en todos tus caminos no significa espiritualizarlo todo con palabras bonitas. Significa invitarlo a las decisiones prácticas, a los silencios incómodos, a las dudas reales. Significa detenerte antes de actuar y preguntar: ¿esto me acerca al propósito o solo alimenta la urgencia?
La velocidad sin dirección desgasta. La dirección, incluso a paso lento, construye. Hoy no necesitas correr más rápido que nadie. Necesitas caminar con sentido, con coherencia, con paz interior.
Tal vez Dios no te está pidiendo que hagas más, sino que ajustes el rumbo. A veces el mayor acto de fe no es avanzar, sino corregir. Cambiar de dirección no es fracasar; es madurar.
Que este día no te empuje a demostrar nada, sino a discernirlo todo. Cuando la dirección es clara, el paso encuentra su ritmo. Y cuando Dios endereza el camino, incluso las curvas tienen propósito.
Somos más que vencedores.
Pastor Sergio
Dilcia
ResponderEliminarMuchas gracias
ResponderEliminar