“Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse.”
Santiago 1:19
Una de las habilidades espirituales más olvidadas es la escucha. No la escucha superficial que espera su turno para responder, sino la escucha atenta que busca comprender antes de reaccionar. Vivimos en un tiempo acelerado, donde opinar es fácil y responder rápido parece una virtud. Sin embargo, la Escritura nos invita a un camino distinto: escuchar primero.
Este día nos confronta con una verdad sencilla pero exigente. Muchas de las tensiones que vivimos no nacen de la maldad, sino de la prisa. Hablamos sin escuchar, reaccionamos sin comprender, decidimos sin discernir. Escuchar requiere humildad, porque implica reconocer que no lo sabemos todo y que el otro tiene algo que decir.
Dios mismo suele hablarnos en la quietud. No siempre irrumpe con ruido, muchas veces susurra. Pero para oírlo, necesitamos bajar el volumen interior. La escucha espiritual comienza cuando dejamos de defendernos y nos disponemos a recibir. Escuchar a Dios y escuchar a otros están más conectados de lo que pensamos.
Ser pronto para oír no significa estar de acuerdo con todo, sino estar dispuesto a comprender. Ser tardo para hablar no es callar por miedo, sino elegir palabras con sabiduría. Ser tardo para airarse no es negar la emoción, sino gobernarla antes de que gobierne nuestras acciones.
Este dieciocho de enero es una invitación a revisar cómo estás escuchando. ¿Oyes para responder o para entender? ¿Escuchas a Dios solo cuando confirma lo que ya decidiste, o también cuando corrige? La escucha genuina abre espacio para la transformación.
Aprender a escuchar no te hace débil, te hace sabio. Te permite responder con claridad en lugar de reaccionar con impulso. Te ayuda a construir relaciones más sanas y una vida espiritual más profunda.
Hoy decide escuchar antes de hablar. Escuchar a Dios, escuchar a otros y escucharte con honestidad. En la escucha, Dios ordena el corazón y endereza el camino.
Somos más que vencedores.
Pastor Sergio
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